jueves, 12 de junio de 2014

ENTREVISTA A UN EX ESCOLTA EN EL PAÍS VASCO
 

"Sois los pastores y vamos a matar a los borregos"


Andrés Bartolomé / La Razón. Octubre de 2007

Tiene un hermano que siguió sus pasos y lleva tres años en San Sebastián como escolta pero J.P., de 39 años, que volvería al País Vasco “sin dudarlo”, hoy vive lejos de allí porque tiene que proteger lo más importante para él: su familia. Mucho más que cualquiera de la cincuentena larga de personas de las que fue la sombra durante diez años. No quiere desvelar su identidad por una cuestión de pura supervivencia. Hace tiempo que las amenazas se hicieron demasiado cercanas como para no tenerlas en cuenta, así que lamenta con rabia lo ocurrido a Gabriel Ginés el pasado martes: "Han tenido que atentar contra un escolta para darse cuenta de la penosa situación que vivimos", afirma, sin dejar de recordar que en 2002 ya resultó herido otro compañero, Iñaki Torres, que protegía a una concejal socialista. “Cómo olvidarlo”, dice J.P., “si justo una semana antes yo hacía los descansos de Iñaki”.
J. P., que ha protegido personalmente y supervisado posteriormente como responsable de 200 personas la seguridad de periodistas, empresarios y políticos, se queja en primer lugar de que el protegido "hace lo que le da la gana en la mayoría de los casos" y eso complica peligrosamente la tarea. Reivindicación habitual entre los escoltas, "que ya no son objetivos circunstanciales sino directos", es la indefensión que supone tener que depositar el arma en la empresa al acabar la jornada de trabajo, "lo que te deja indefenso", certifica.
J. P. tiene claros los fallos que a su juicio entorpecen el servicio cotidiano: "Los coches deberían cambiarse cada 15 días, y se hace cada tres meses, igual que debería cambiarse de escolta más a menudo, y no permanecer con el mismo los dos o tres años habituales". Los inhibidores que se utilizan, continúa, "son los que le sobran a la Policía o la Guardia Civil, así que hacemos idéntico trabajo, pero no con el mismo material".
La formación no escapa tampoco a la crítica. "Si te quieres formar, te cuesta a ti, los cursos no valen para nada. Cada tres meses tenemos que ir a tiro, más que un policía, y por un mal disparo te retiran la licencia", asegura el antiguo escolta.
En cuanto al salario, en 1997 rondaba el millón de pesetas al mes. Hoy día “se cobran 2.000 o 3.000 euros para jornadas de trabajo de 12 o 15 horas diarias", con el agravante de que hay que soportar todos los gastos cotidianos, "unos 300 o 400 euros", que se abonan al mes siguiente, aunque suele establecerse un fijo "y si consumes más gasolina, te la pagas tú; vas al País Vasco a poner el culo y encima te cuesta dinero... para que luego digan que faltan escoltas”.
J.P. dice que “muchos se queman”. Sobre las amenazas, es rotundo: “Tienes el miedo en el culo continuamente. Eso es a diario. Cada vez que vas a un ayuntamiento, te escupen, hacen el gesto de la pistola en la nuca, te llaman “txakurra” (perro) o te dicen: ‘Sois los pastores y vamos a matar a los borregos, ¿de qué vais a comer después?”.


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